¡Hola a todos y a todas!
En esta primera entrada os voy a hablar de la ansiedad
lingüística, un tema que se mencionó de pasada en el aula de Las Lenguas
Extranjeras en el Contexto Español e Internacional, ya que considero que es un
tema bastante recurrente y que ocurre con mucha frecuencia en las aulas de
idiomas, además creo que, a lo largo de nuestra vida profesional, si nos
dedicamos a la enseñanza, nos vamos a encontrar tanto con alumnos como alumnas que
se pondrán nerviosos o tendrán miedo de hablar en la lengua extranjera que estemos
a impartir.
Los factores emocionales tienen un gran peso a la hora
de enseñar y aprender un idioma, así pues, cuando empezamos a hablar un idioma y
no tenemos la suficiente fluidez o carecemos de vocabulario, puede darse la
denominada ansiedad lingüística que puede aparecer tanto en niños como en
adolescentes donde es más frecuente debido a la etapa de inseguridades que
están pasando. Esta situación suele darse cuando los alumnos o alumnas
presentan estrés, medio a equivocarse o incluso sienten vergüenza porque no
dominan en idioma y tienen miedo de que se rían de ellos o quedar en ridículo
ante los demás. Esa situación de miedo, estrés y vergüenza hace que sus
conocimientos se bloqueen, se frustren ellos mismos y no sean incapaces de
expresarse.
Este post lo voy a dividir en cuatro subsecciones que
hacen referencia a aspectos sobre la ansiedad lingüística que considero importantes
y me gustaría que los conocierais más a fondo. Para empezar, voy a hablar un
poco sobre lo que es, cómo se manifiesta, por qué se produce y por último daré
unas nociones de cómo se puede reducir este tipo de ansiedad.
¿QUÉ ES?
La ansiedad lingüística es la aprensión que sienten, en este caso, los estudiantes, frente a una situación que requiere el uso de una segunda lengua extranjera en la cual el alumnado no dispone de todo su potencial comunicativo, lo que hace que los individuos hablen, escuchen, lean y escriban de forma nerviosa, pues crea un sentimiento de vulnerabilidad al tener que utilizar una lengua que no es la nativa y puede influir también en los niveles de autoestima y motivación.
El término de ansiedad lingüística fue acuñado por Krashen en 1982 en su hipótesis del Filtro Afectivo. Esta es la hipótesis según la cual la actitud de las personas que están aprendiendo una segunda lengua, junto con sus sentimientos, su estado anímico, y otros factores emotivos influye de forma positiva o negativa en los procesos de adquisición y de aprendizaje. En esta hipótesis se observa que el estado emocional del alumnado, así como sus actitudes actúan como un filtro que permite que entre la información necesaria para la comprensión o puede incluso impedir o bloquear la información que se necesita para llevar a cabo la adquisición del idioma. Así, cuanto más alto sea el filtro afectivo, reflejado en un mayor nivel de ansiedad, baja autoestima, estrés y poca participación, las posibilidades de que el estudiante fracase en su proceso será mayores mientras que, un filtro afectivo bajo permitirá mejores niveles de adquisición y aprendizaje de una lengua.
Aquí os dejo el enlace de un vídeo que os puede servir de ayuda para comprender mejor esta teoría
¿CÓMO SE MANIFIESTA?
Entre los síntomas más comunes se encuentran el nerviosismo, las palpitaciones, la sudoración, el temblor, el bloqueo mental y, sobre todo, la dificultad para concentrarse a la hora de hablar, escribir, leer o escuchar en esa lengua extranjera dando lugar a un desinterés por el aprendizaje del idioma. Esa ansiedad puede conducir a la pérdida de la autoestima y al miedo de comunicarse por temor a que se rían de ellos o ser juzgados por sus compañeros. Estas situaciones suelen darse mucho en la adolescencia cuando los adolescentes están muy pendientes de todo lo que hacen y dicen por miedo a quedar en evidencia o ser juzgados por los demás.
¿POR QUÉ SE PRODUCE?
La ansiedad lingüística suele producirse cuando la persona está estresada pero también puede ser por motivos como: el nivel de competencia que posean sobre esa lengua extranjera, la naturaleza competitiva de los estudiantes, la falta de conocimiento de vocabulario y sintaxis, los procedimientos en el aula, el comportamiento del profesorado, las actividades de aula o el temor a tener una baja cualificación. Como menciona (Goñi-Osácar y Moral Barrigüete: 313), los alumnos y alumnas que presentan ansiedad lingüística tienden a evitar participar en las actividades de aula, reducen su implicación en las tareas propuestas, se sientan en las últimas filas para evitar que el profesor o profesora requiera su participación o incluso faltan a clase.
¿CÓMO SE PUEDE REDUCIR?
Reducir la ansiedad lingüística no está solo en manos del profesorado, sino también en manos de las familias. Si bien es cierto que es recomendable trabajar la inteligencia emocional para que el alumnado pueda controlar mejor su frustración, miedo o estrés. Asimismo, se busca crear un ambiente de aula seguro, donde los estudiantes se sientan cómodos y seguros a la hora de expresarse. Otros métodos que podrían ayudar son: mejorar o cambiar la forma en la que el profesorado corrige los errores a este alumnado para no dañar al estudiante o hacerle sentir de menos por cometer algún error, fomentar su autoestima, animar a los estudiantes a participar, permitir a los alumnos expresarse en la lengua extranjera, aunque su actuación no sea perfecta. Estos son pequeños cambios que se podrían implantar para ayudar al alumnado con su ansiedad a la hora de expresarse en otro idioma.
A lo largo de
nuestro futuro como profesores es
probable que nos encontremos con casos de alumnos o alumnas que
presenten esta inseguridad o miedo a la hora de hablar una lengua extranjera,
pues como comenté antes, suele darse sobre todo en la adolescencia, etapa en la
que nuestros alumnos son más vulnerables a los comentarios tanto del
profesorado como de los compañeros y para saber como gestionar estas
situaciones creo que es conveniente conocer un poco este tipo de ansiedad y
saber algunas nociones básicas para poder atajarlo antes de que sea demasiado tarde.
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¡Hola, Alicia! Tu entrada me pareció muy interesante ya que desconocía el término acuñado para este estado de «ansiedad» que siente el alumnado cuando se enfrenta a situaciones donde se le requiere el uso de la LE. Está todo muy bien explicado y muy detallado. Además, aportas soluciones que podríamos poner en práctica en nuestras aulas como docentes. Como si bien lo has escrito, el cambio está en nuestras manos. :)
ResponderEliminar¡Hola Alicia! Sinceramente, me ha llamado mucho la atención tu publicación al leer el título “Ansiedad lingüística”. No he podido evitar pensar de qué ibas a hablar en esta entrada. A medida que iba leyendo, más identificada me sentía con lo que explicabas, puesto que me ha tocado vivirlo durante unos años por desgracia.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo que en las aulas, sobre todo de lenguas extranjeras, hay una visible ansiedad lingüística. Cuando yo estudiaba en el instituto, e incluso en la carrera, tenía miedo de hablar en la lengua extranjera, es decir, en una lengua que no era la materna, por miedo (o por la ansiedad) que me producía que se rieran de mi pronunciación o de cometer algún error gramatical, aún sabiendo que probablemente nadie lo fuera a hacer. Y esto era debido a lo que básicamente explicas tú de los factores emocionales, ligados a la falta de fluidez que tenía en ese idioma y la falta de confianza de la que carecía.
Lo que tengo claro es que bajo ningún concepto, si logro ser docente algún día, dejaré que mis estudiantes se crean peores o que tengan esa ansiedad por hablar mal una lengua que no es la suya. No quiero que nadie sienta esa presión de pensar que no logran sonar como “nativos”, porque al fin y al cabo eso es relativo. A veces ni los propios nativos hablan o dominan al cien por cien su propia lengua. También ellos cometen errores gramaticales, léxicos o incluso de pronunciación.
Tendré en cuenta estos consejos para tratar de reducir esa ansiedad en el aula en la medida de lo posible. Considero que es a veces complicado dado que no sabes qué comentarios pueden influir más o menos en cada estudiante. Probablemente nos equivoquemos en el proceso de crear un ambiente de aula seguro para el alumnado, pero lo importante aquí es aprender e ir mejorando, al mismo tiempo que nos concienciamos de las actitudes más favorables que deberemos adoptar como docentes para que todo nuestro alumnado se sienta protegido y tranquilo cuando tenga que hablar en una lengua extranjera.
¡Muchas gracias por tu entrada!